Hace dos semanas fui a ver Drive con algo de retraso. Ya sabía que Nicolas Winding Refn había ganado la palma de Oro en la mejor dirección, pero aun sin saber la decepción de haberla obviado prácticamente de todo para los Óscars (solo nominada en mejores efectos de sonido). La mayoría de gente me la recomendó, incluso mis padres los cuales muchas veces discrepamos en gustos cinematográficos, así que fui con expectativas pero sin demasiadas ilusiones puestas.
Después de los 100 minutos de película mi cuerpo me pedía salir de fiesta eclipsado aún por la banda sonora tecno de Kavinsky y las impresionantes imágenes de la nocturnidad iluminada de la vasta ciudad de Los Ángeles.
Al día siguiente más serenado y más tranquilo empecé a reflexionar acerca de las claves del film. La conclusión a la que llegué es que Drive es un producto que reune todas, o prácticamente todas, las características de la posmodernidad cinematográfica llevadas al extremo. Winding Refn juega con una peligrosísima arma de fuego que es capaz de caer en el bodrismo en de un momento a otro, pero que funciona justamente al contrario, creando momentos de culto por doquier gracias a la elegancia que posee combinando unos elementos que conoce a la perfección. El ejemplo más claro es su argumento: vulgar, simple, escaso y que podría corresponder a cualquiera de las sagas de acción de kleenex al estilo Transporter o películas de Bruckheimer interpretadas por Nicolas Cage. Aquí ya se cumple una de las reglas de la posmodernidad que dice que los grandes relatos han muerto, haciendo referencia a la literatura, y que se nutren de un pasado glorioso. En el cine, herencia de la narración, se parte de la premisa que todas las historias están contadas, pero en este caso los referentes son muchos: Bullit, Death proof, No es país para viejos o Taxi Driver. Si examinamos más de cerca podemos encontrar una infinidad de referentes a modo pastiche: Tarantino, Leone, Lynch, de Palma, Mann, Kitano etc… Pero capitaneados por el escorpión de la chaqueta, convertida en elmento de culto, que hace alusión a Scorpio Rising de Kenneth Anger.
Ahora bien, si el guión es flojo y los referentes están ocultos para la mayoría de espectadores que mueve el film? La imagen, el elemento por excelencia de la postmodernidad. Cada plano del film esta construido bajo una influencia estética posmoderna que se aleja de la narratividad del plano para recrearse en su forma. Aquí se coge un referente estilístico pasado y muy influenciado por la publicidad y la moda. Se mezcla un look retro de películas ochenteras al estilo Miami Vice y un vestuario vinatge con posturas de maniquies de revistas de moda sin ninguna justificación.
Todo para centrar la mirada del espectador en el plano, es decir en la imagen, y desviarlo de la pobre historia que se cuenta. Una imagen que acaba siendo hiperreal, otra de las características de la postmoderindad, ya que no puedes asegurar de que sea real de lo tan perfecta que parece.
De esta premisa se deriva la figura del propio protagonista: un ser misterioso, callado, deshumanizado el cual no posee ni nombre en el guión del film. El personaje de Gosiling es un personaje ambiguo, que coquetea hábilmente con la homosexualidad y que refleja muy bien la sociedad ambigua que vivimos. Se trata de un muñeco Ken, dirgido como tal por Winding con movimientos y posturas erráticas, que parece más preocupado en sus modelitos, sus coches y su peinado que por poseer a la mujer que desea (si es que la desea).
Los últimos estímulo de este explosivo cóctel son: un gran banda sonora, la cual vuelve a tener un referente en el tecno ochentero de sintetizadores y el uso de ultraviolencia, en momentos puntuales del film, que recuerda a otros muchas películas de culto ya citadas.
Vuelvo a reiterar mi fascinación por este film, ya que otros intentaron combinar estos elementos y lo hicieron de forma errónea. Uno que lo intentó y fracasó, antes de venderse a Sherlock y Hollywood, fue Guy Ritchie con un bastante desconocido film llamado Revolver.
Este film también intentaba combinar muchos de los elementos de la posmodernidad para prefabricar una obra de culto del género de mafia. Ritchie fallaba en una historia demasiado pretenciosa y con aires de grandilocuencia que al final resultaba ser prácticamente ininteligible. A pesar de ello, todavía hay escenas increíbles a nivel estético que pueden funcionar autónomamente como pequeñas joyas y ser carnaza para la publicidad.
Aquí podéis ver el film entero de Revolver










