Hay situaciones en la vida que el cine te brinda grandes momentos. Pone delante de tus ojos pequeñas joyas que te hacen enmudecer nada más terminar mientras un escalofrío sigue recorriendo tu cuerpo. Un tormento de emociones brotan a la vez y, poco a poco, intentas racionalizar que está sucediendo. Ves tu entorno con otros ojos, sientes que hay millones de razones para gozar cada segundo y que la vida es maravillosa. Son momentos únicos, inexplicables y fascinantes. Es la llamada magia del cine.
Cuando vi estas películas entendí que cine es del color Azul, Blanco y Rojo .

La trilogía del director polaco Krzystof Kieslowski es una de las mayores obras en conjunto de la historia del cine y Azul y Rojo a nivel individual. Cada film funciona como una pequeña figura independiente dentro de la excelsa obra global que es Trois couleurs. Lo que distingue esta triología y en general la obra de Kieslowski es su implicación ética dentro del cine. Para el director polaco el cine tiene la misión y el deber de hacer reflexionar a su espectador. Kieslowski quién empezó con el género documental pero que lo desechó por imposibilidad de captación de realidad, se pasó a la ficción para generar unas historias propicias para llevar al espectador a las preguntas que quería plantear.

Su primera gran obra ficcional es el Decálogo. Diez films, inspirados en los Diez Mandamientos, de unos cincuenta minutos de duración en los que en cada uno cuenta la historia de uno de los vecinos de un bloque de pisos y sus dilemas morales que se encuentran el vida cotidiana. Del Decálogo saldrán dos films de más duración: No amarás y No matarás.

Su siguiente película será La doble vida Verónica en la que Kieslowski prepara su paleta de colores y empieza a trabajar con una de sus musas: Irène Jacob. Sin un cromatismo tan claro, tirando a tonos verdosos, el director polaco parece mezclar sus tres colores futuros dando pinceladas de genialidad en un obra igualmente hermosa a nivel pictórico. Verónica y Weronik, la misma persona en distintos puntos del mundo, Francia y Polonia, configuran el personaje Dostoyeskiano del doble.

Azul, Blanco y Rojo conforman los colores de un país pero también los de unos ideales. Kieslowski cogerá los estandartes de la revolución francesa, Liberté, Egalité y Fraternité, para preguntarse si el hombre actual vive realmente en posesión de esos derechos. En cada uno de los films se preguntará por uno, los mezclará con extrema sensibilidad con el amor y el azar , otros dos temas vitales en su filmografía, y los pintará de Azul, Blanco y Rojo conformando unos de los cuadros más bellos de la historia del cine.

Azul es la primera y la más lírica de las tres películas. Este film es un retrato frío como el azul de sus imágenes de Julie, interpretada por una fantástica Juliette Binoche, una mujer de clase alta que se despierta después de un accidente de coche en el que descubre que su marido y su hija pequeña han muerto. Kieslowski parte de una situación traumática y azarosa para plantearse el dilema de la libertad. Todo el relato será la búsqueda de una nueva vida en la que Julie, privada de sus más seres queridos, optará por no relacionarse con nadie por miedo a perderlo. Dejará su mansión, su dinero y solo cogerá un colgante azul como recuerdo de su vida anterior. Julie es libre pero algo le impide ser lo ya que su libertad estaba ligada a los seres que viajaban con en ella en el accidentado coche. A parte de la historia central de Julie, todo el relato se complementa con unos pintorescos secundarios que cohesionan el discurso acerca de las libertades de la sociedad actual: un flautista callejero que resulta ser rico pero disfruta tocando en la calle como un mendigo, la enferma madre de Julie que vive privada de libertad a causa de su alzheimer y Lucille, la prostituta del bloque de Julie quién disfruta siendo deseada hasta que un día su padre entra en el club.

Blanco cuenta la historia de Karol un inmigrante polaco casado con Dominique una ciudadana francesa interpretada por Julie Delphy. Karol no logrará integrarse en la sociedad francesa, no conoce el idioma ni sus costumbres, y lo alejará de Dominique hasta el punto de querer el divorcio. Karol volverá a la blanca y nevada Polonia después de un seguido de peripecias y humillaciones para prosperar, superar sus traumas y aprender el idioma con la esperanza de recuperar a su querida Dominique.

Kieslowski plantea el dilema de la igualdad en un entorno de fabulístico. Blanco, se aleja de la realidad para tornarse en una especie de cuento moralista pero igualmente bello. Aun siendo la más floja de las tres, posee grandes momentos poéticos como el hermoso final del film.

Rojo es la gran ginda del pastel. Si Azul era la más lírica, Rojo es la más perfecta a nivel narrativo y cierra, con uno de los mejores finales de la historia del cine, su trilogía relacionando las tres películas magistralmente.
Rojo cuenta la historia de Valentina, interpretada de nuevo por Irène Jacob, una modelo que vive alejada de su novio quién trabaja en el extranjero. Fruto nuevamente por el azar Valentina atropella a un perro quién resulta ser de un juez jubilado obsesionado por escuchar las conversaciones telefónicas de sus vecinos. Entre Valentina y el juez surgirá una bonita relación de amistad, fraternité, entre dos personajes solitarios. El juez vive atormentado por su pasado en el que siempre no pudo hacer justicia y privó de la libertad a alguna personas y Valentina que vive en un mar de dudas con la difícil relación a distancia con su novio. Ambos llenarán sus vacíos emocionales excelentemente metaforizados por Kieslowski y vivirán una especie de alter ego de sus vidas escuchando la vida de un joven pareja de amantes que viven los mismos problemas que tuvo el juez en su juventud y Valentina con su actual pareja.

El film plagado de detalles poéticos como por ejemplo el momento en el que el juez, recluido en casa durante años, sale de casa invitado por Valentina a un desfile de moda y su coche no tiene batería aludiendo a la falta de vida en su corazón o el excelso último fotograma del film en el que vemos a Valentina en la misma posición, después de sobrevivir a un naufragio, que en el gigantesco anuncio que interpreta como modelo.

Con Rojo se cierra una trilogía pero también se cierra una de las grandes y más bellas subtramas repetida en las tres películas. En cada uno de los films, e incluso iniciado parcialmente en La doble vida de Verónica, aparecía la figura de una anciana intentando alcanzar el agujero del contenedor de basura. Al final de Trois couleurs, sólo Valentina se levantará para ayudar a la anciana a alcanzar el agujero, dejando un atisbo de esperanza en la sociedad moderna que hasta ése momento, los dos anteriores películas, solo se limitaba a contemplar.

Con este detalle Kieslowski cierra su “otra” trilogía detalles repetidos en sus tres films, como el uso de los animales: en Azul unos ratones viven en el nuevo bloque de Julie, en Blanco una paloma blanca hace reflexionar a Karol en el metro de París y en Rojo el atropello de un perro inicia la relación de Valentina con el Juez. O el uso de objetos concretos a modo de metáforas: un colchón, la estatua de un rostro o una piedra. Todo ello solo es la punta de un iceberg de una infinidad de detalles de genio al servicio de la reflexión global sobre las libertades del ciudadano europeo actual. Como por ejemplo en Azul en el que el marido fallecido de Julie era compositor y su gran obra que no pudo completar ser llamara la Unificación de Europa.

Tres colores supondrá la consagración total del director, recibiendo decenas de premios, pero a su vez su abandono del lenguaje cinematográfico. Para Kieslowski su última y excelsa pincelada de color rojo será su adiós al cine, del que según él ya no podía decir más. Este adiós se tornará en tragedia cuando dos años después moría repentinamente con tan solo 54 años de edad.

A pesar de ello, el legado dejado por el director polaco nunca desaparecerá de la retina de sus espectadores ni de los amantes del cine.