Estos últimos meses la actualidad cinematográfica ha venido marcada por una serie de películas con un claro patrón en común: la imagen. Y con ello no me estoy refiriendo a grandes superproducciones de Hollywood con los mejores efectos especiales al estilo Los Vengadores o Transformers 3, sino más bien a una serie de películas que se han colado el circuito independiente, algunas de ellas han sido galardonadas en los principales festivales internacionales pero que sobretodo han obtenido una gran repercusión mediática a través del ancestral boca-oreja del público que las ha visto.

Mi objetivo de este escrito es reflexionar sobre, qué o qué no, hace que estas películas funcionen y que algunas funcionen mejor que otras. Para ello cogeré cuatro mediáticos ejemplos de esta nueva hornada de cine autor que apuesta marcadamente por la imagen. Mi elección es: Drive, Shame, Un lugar donde quedarse y Take Shelter. Esta elección es evidentemente subjetiva pero esta basada en un criterio narrativo en la que cómo se verá cada una dista de la otra por alguna razón.

En la era que vivimos es evidente que la imagen lo impregna todo. Vivimos en imagen porqué una imagen requiere menos tiempo de absorción de información, al menos en una primera instancia, que el texto. Nuestro día a día esta basado en imagen y representaciones de imagen, es decir, símbolos que nosotros le añadimos un significado particular para identificarlos claramente. En esta marea de símbolos e imágenes todavía, la imagen posee la particularidad de eclipsarnos, seducirnos y de llamarnos la atención dejándonos absortos entre tanto vendaval. Y es que su propia naturaleza ya es infinitamente rica. Las posibilidades de combinación de colores, luces, composición, textura, hacen que cada imagen ya sea única a simple vista, en cambio en el texto no adquiere ninguna singularidad hasta que el lector empieza a leer y hace su inmersión. ¿Y qué voy a decir yo en contra de la imagen cuando la filosofía de esta revista, Freshland, reivindica tan legítimamente el poder de la imagen por encima del texto? Evidentemente nada.

En los ejemplos citados nos pasa exactamente igual. Cada uno de las películas nos seduce a través de su imagen de una determinada manera, pero sin olvidar nunca sus referentes: la escultura, la fotografía y sobretodo la pintura.

Drive, el cual no me entrentendré más porque ya hay un post más abajo analizado sus claves, nos eclipsa a través de su pastiche postmoderno combinado perfectamente sus elementos.

 (imagen promocional de Drive)

Shame juega a la abstracción, un vaciado de plano que enfrenta al personaje con su entorno. Su conflicto, tanto físico como psíquico, se plasma con la soledad, pictóricamente plateado como el vacío, que funciona a la vez como su único escudo contra el mundo. Sus colores, azules y verdes, son tan fríos como el personaje de Brandon (Michael Fassbender ). Si aguantas los primeros segundos del film, es un frío que acabas acostumbrándote y al final incluso gustándote de igual forma que los primeros segundos que saboreas un helado, notas un pequeño recelo físico hasta que tus dientes se acostumbran a ello.

(pintura de Edward Hopper)

(frame de Shame)

Take Shelter apuesta sabiamente por la propia belleza de la naturaleza. Esa fuerza incontrolable por el ser humano que busca su propia forma desplegando todo su esplendor. ¿Quién no se ha quedado perplejo delante las olas chocar contras las rocas un día de viento o se ha quedado asombrado por el recorrido que coge un rayo en días de tormenta? La naturaleza por sí sola nos atrae y nos da temor porqué desconocemos el poder real y la voluntad que posee. Take Shelter, al igual que planteó en la primera parte Terrence Malick en El Árbol de la vida o al segunda parte de Melancolía de Lars Von Trier , enfrenta el pequeño ser vivo que es el hombre delante de la inmensidad del universo y del planeta Tierra.

                                 ( pintura de Caspar David Friedrich)

                                   ( póster Take Shelter)
Un lugar donde quedarse apuesta por la descontextualización de su personaje para buscar pintorescas y extravagantes imágenes formadas por la yuxtaposición de sus elementos procedentes de esferas totalmente distintas. Además, todo el film se encuentra bajo una atmósfera marcadamente pop y camp que todavía acentúa más la sensación de descohesión entre elementos.

(estatua de Franco de Eugenio Merino)

(frame de Un lugar donde quedarse) 

Una vez podemos afirmar con certeza que el envoltorio, es decir su imagen, de estos films tiene un atractivo y una singularidad especial pasaremos a indagar que se esconde más allá del velo de pictórico y que lo hace genuinamente cinematográfico.

El guión, la trama, las subtramas, serán lo que al fin y al cabo acabarán marcando el “éxito” de la película, ya que el cine todavía es una forma de narración. Una forma de contar historias y cómo en la vida quién vende mejor su historia tiene más números para triunfar. El tema que plantean, a veces será insuficiente para cargar con todo el peso, como veremos con el caso de Un lugar donde quedarse.

Bajo mi punto de vista, el ranking de estas cuatro películas quedaría así (de peor a mejor) según criterios estrictamente narrativos: Un lugar donde quedarse, Shame, Drive y Take Shelter.

Un lugar dónde quedarse es el claro ejemplo de un guión muy mal ejercido. Me acuerdo hace dos Cannes, cuando se presentó el film, que leí su sinopsis, vi las imágenes caracterizadas de Sean Penn a lo Cheyenne/The Cure y comenté con mis colegas que este film sería el film del siglo. Un viejo rockero emprende un viaje ( que suponía que era iniciático y espiritual) para encontrar al torturador de su padre de cuando estuvo en un campo de concentración. ¡Guauh, pensé! ¡Y además con Sean Penn dirigido por Paolo Sorrentino, es decir, un director europeo! Tenía todos los elementos a priori, de un película de culto (incluida la aparición de Harry Dean Stanton, que al final es más bien un cameo de mal gusto) pero tras sus dos horas, en realidad aguanté una hora y media, la decepción es mayúsculas. La película no tiene ritmo ni sentido. Es lenta y errática. Se nutre simplemente de su propia imagen videoclipera que una vez ves el trailer, ya lo has visto todo. Vanaliza un tema tabú, solo legitimado si se toca con sensibilidad, como es el Holocausto. Los constantes movimientos de cámara te alejan cada vez más de un personaje que nunca llegas a empatizar con él, bueno sí, de la vergüenza ajena hacía Sean Penn al interpretar el personaje. Sorrentino se emborrachó de imagen, siempre intentando buscar el planazo de turno aunque narrativamente no fuera necesario, y desdichó un guión que a priori tenía alicientes para sacarle un gran partido. Aquí la imagen sedució al propio director quién pensó que el maquillaje de Sean Penn era suficiente para mover una historia tan compleja como una road-movie de venganza y redención.

(frame de Un lugar donde quedarse)

Shame va un poco más allá y no se emborracha de imagen, aunque alguna vez tiene algún exceso como la escena de Carey Mulligan cantando New York, New York en el club. El problema de Shame es que toda la película podía ser su presentación de su personaje, esos 20-25 minutos en los que se presenta al protagonista y su entorno justo antes de iniciarse la historia, lo que los puristas del guión llaman del status quo del protagonista hasta el primer punto de giro. Mi sensación, a medida que iba viendo el film, era que la historia estaba a punto de iniciarse en cualquier momento hasta que pasó más de una hora y comprendí que ya no se iniciaría. El retrato del personaje, por cierto muy buen retrato y muy bien interpretado por Fassbender aunque yo no hubiera elegido alguien tan sex simbol, se me quedó corto. Esperaba con ansias como reaccionaría un personaje tan complejo delante de alguna dificultad como que se enamorara. Me gustaría conocer esa historia, cómo afrontaría la posibilidad de amar, alguien que físicamente no puede amar (que es a mi entender el tema del film, la imposibilidad de amar) o cómo afrontaría la posibilidad que fuera infectado por alguna enfermedad de transmisión sexual y tuviera una lucha psicológica ( la moralidad) contra la física ( su satiriasis o adición compulsiva no controlable al sexo). O qué fuera padre. Existen miles de posibilidades de conflicto para un personaje como Brandon, más allá de su relación con su hermana que para mi no deja de ser una subtrama como mucho. Bajo mi punto de vista, todo el film se puede resumir, tal y como lo planteó Steve McQueen, en la brillante secuencia del metro.

(frame de Shame)

Drive sabe sacar todo el jugo de un guión bastante flojo. Logra que no sea únicamente la imagen lo que imnotice al espectador y le obliga mantenerlo mínimamente atento en las acciones y situaciones de la historia. Este efecto retroalimenta a la propia película ya que evita, como no pudo Un lugar donde quedarse, vivir solo de su la fotografía. Las pocas pero contundentes escenas de acción y violencia acaban por animar la trama. Su punto más débil, su personaje, consigue convertirse su mejor baza ya que el propio de director juega constantemente con su escaso background y de lo que podía ser una parodia lo hace una virtud de forma totalmente consciente.

(frame de Drive)

Finalmente Take Shelter apuesta por todos estos elementos: un lirismo visual, un personaje, una historia y una intención ( un tema ). Todos los elementos se mezclan a la perfección, recordando las inquietantes e impresionantes imágenes que Curtis LaForche suele presenciar. La interpretación de Michael Shannon enaltece y hace a su vez el propio tema, el fin del mundo. Un Apocalipsis que va mucho más allá del devastación total del Planeta Tierra por fenómenos físico-químicos, es un fin de muchos de los problemas que padece nuestra sociedad actual. Es un fin del mundo a nivel de valores morales, éticos, una fragmentación emocional interna que Shannon es capaz de ir despojando poco a poco hasta estar desnudo e hipotente frente una gran tormenta. Es el hombre frente a la gigantesca que ola avanza hacia a él sin la posibilidad de reaccionar y que espera a ser engullido. Una ola aplicable a la crisis financiera, a la ecología, al poder mediático a todo una serie de factores invisibles para el ciudadano de apié hasta el momento que ya se encuentra absorbido por ella y sin la posibilidad de salir.

 (frame de Take Shelter)

A pesar de todos estos ejemplos que apuestan abiertamente por su imagen hay que recordar que las dos grandes triunfadoras: The Artist y, la reciente y esperada en nuestro país, Amour de Michael Haneke son su antítesis. El cine es un arte global y todos los elementos que la componen forman un todo en su naturaleza. Esperemos que esta nueva corriente se consolide siendo consciente que la imagen no lo es todo en el cine y que se alíe con su otro gran pilar, la narración, para seguir creando grandes obras que nos atrapen estéticamente y que nos conmuevan emocionalmente.